VIAJES DE FIN DE CURSO

Viaje de fín de curso

Viajes de fin de curso

Aprender no es solo recibir lecciones y tomar apuntes para después demostrar si hemos adquirido correctamente la información en forma de exámenes, sino que también es convivir, conocer otros lugares y otras culturas, desconectar de la rutina y saborear las cosas buenas que tiene la vida. Por eso los viajes de fin de curso son un broche final excelente para el cierre de una etapa escolar, porque no solo ofrecen al alumnado la posibilidad de cambiar de aires y de descansar del ritmo frenético de los estudios y de las pruebas finales, sino que también permiten afianzar amistades en entornos nuevos y más agradables, aprender nuevos detalles históricos y culturales de una manera más lúdica o experimentar prácticas tan importantes para el futuro como es el ejercicio de compartir tiempo y espacio con otros.

Los viajes de fin de curso son un excelente mecanismo de motivación para los alumnos, como una especie de recompensa final al esfuerzo y al tiempo dedicado a su formación académica, lleno muchas veces de sinsabores que pueden conducir al desánimo o a la falta de interés. Todos necesitamos incentivos, en consecuencia, que nos empujen a seguir hacia adelante a pesar de las dificultades que podamos atravesar, y los viajes de estudios no solo constituyen ese importante incentivo, sino que sirven también para felicitar y agradecer a los que no han sucumbido y han logrado terminar la etapa. Si cuando caminamos lo hacemos sin tener presente una meta, es fácil que podamos perdernos en el camino y no ver la luz.

 

8 importantes beneficios de los viajes de fin de curso

–          Estimulan el ánimo y la ilusión de los alumnos.

–          Favorecen la implicación y la integración.

–          Complementan la formación académica de forma dinámica y menos formal.

–          Fomentan la colaboración y la ayuda mutua.

–          Estimulan el sentido de la responsabilidad y del compromiso adquirido.

–          Favorecen la administración de los recursos económicos.

–          Amplían las barreras y las miras personales.

–          Establecen lazos de amistad, tolerancia y respeto.

 

El viaje de fin de curso suele tener también un aspecto emocional, debido a que la mayoría de alumnos y amigos hechos en el camino deberán separase tras el comienzo del nuevo periodo  académico, lo que puede suponer un importante desafío para los más jóvenes. De este modo el viaje de fin de curso se vislumbra, por parte de los estudiantes que lo realizan, como una justa y bella despedida a cada uno de los momentos compartidos.

El beneplácito de la escuela a la hora de realizarlo y hacerlo posible, además, tiñe de amabilidad y respeto al colectivo de profesores del centro de cara al alumnado, que tiene la oportunidad al fin de ver a sus estrictos y formales profesores de una forma mucho más distendida y relajada.

En cuanto a los destinos elegidos, estos pueden ser muy variados e ir desde el Caribe, hasta las capitales de las culturas más antiguas de la humanidad como la griega y la romana, estableciéndose diversas opciones que suelen ser votadas por mayoría en función de los intereses generales de los participantes. Esto supone también un importante esfuerzo por parte de los jóvenes, que suelen buscar acuerdos y métodos de financiación para hacerlo posible, ganando en madurez y en responsabilidad durante el proceso.

En definitiva los viajes de fin de curso son una importantísima fuente de aprendizaje y de desarrollo personal. Una experiencia única que nadie debería perderse, pues constituye uno de los mejores recuerdos que con el tiempo se guardan en la mente y en el corazón.

También te puede interesar Campamentos de Verano