Coaching para padres y madres, una ayuda para la educación de los hijos

Coaching familiar y educación de tus hijos

Nadie nos enseña a ser padres. No existe un manual de instrucciones para educar a los hijos. ¿Cuántas veces hemos escuchado o, incluso, repetido estas u otras afirmaciones similares? ¿Acaso suenan a lamentos?, no te suena la pregunta ¿cómo ser buena madre?, la verdad es que no hay una única respuesta a esta pregunta, lo cierto es que el ejercicio de la paternidad es una enorme y grata responsabilidad para la que no se dispone de recetas ni de directivas unívocas. A veces mejor, a veces peor, madres y padres aprenden sus roles por ensayo y error, aplicando o rechazando las máximas practicadas por sus propios progenitores y demandando la ayuda de los expertos en numerosas ocasiones. Cada familia es única, cada niño es un universo en sí mismo y, por lo tanto, no resulta posible implementar iguales preceptos para todo el mundo, aunque existan ciertas pautas fundamentales que son generalizables y mantienen su vigencia con el paso del tiempo. Además, en el largo plazo las corrientes educativas son variables, ya que dependen de numerosos factores, tales como los contextos históricos y sociales, las nuevas configuraciones familiares y la evolución científica y tecnológica. No resulta extraño, por lo tanto, que afrontar la crianza de los hijos en nuestros días conlleve una sombra de dudas, temores y perplejidades, en especial cuando las épocas dictan una ruptura generacional en la que lo que antes era inamovible ahora se transforma en cuestionable.

Desde varios años atrás hasta la actualidad es notable cómo gran cantidad de padres de familia experimentan cierta inseguridad frente a reglas de educación que en el pasado resultaban indiscutibles. Esto es especialmente relevante respecto a normas disciplinarias y establecimiento de límites en la formación de los hijos. Se suele creer que actuar con firmeza e instaurar pautas de orden equivale a autoritarismo, notándose que la flexibilidad actual surge como una respuesta, extrema en muchos casos, a la rigidez con la que fueron educados los padres de hoy en su niñez. De las prohibiciones a ultranza a la permisividad más exagerada, parecen no existir términos medios en numerosas situaciones. Las lógicas diferencias de estatus entre adultos y niños acortan cada vez más distancia y la proclamada “relación de amistad” entre progenitores e hijos genera una confusión indeseada. El respeto por la figura paterna, por las directivas familiares de convivencia y por los límites impuestos -siempre dentro de un estilo democrático bien entendido y en el marco de relaciones amorosas y protectoras- es uno de los pilares no negociables en un proceso formativo saludable.

Los niños necesitan de la autoridad, la orientación y las pautas de educación brindadas por sus padres. Cuando ellas están ausentes, los hijos, lejos de gozar de una beneficiosa libertad mal interpretada, viven una especie de orfandad psicológica y moral que repercute de manera muy negativa en sus vidas. Dejar que los pequeños actúen siempre de acuerdo a sus deseos, permitir que tomen determinadas decisiones para las que no están facultados y temer a las reacciones de los hijos frente a la imposición de límites razonables constituyen acciones que provocarán consecuencias lamentables en el futuro de esos seres tan amados. A cada edad corresponde una estructura disciplinaria acorde que irá incorporando nuevas restricciones y permisos de acuerdo a la etapa evolutiva, pero la educación de los pequeños comienza desde los primeros tiempos de vida. La palabra “no” debe estar presente en su justa medida: no todo ha de ser negación, aunque tampoco el “sí” ha de regir los actos de los niños de modo exclusivo. ¿Es difícil ser padres? ¿Es complicado equilibrar la libertad y la confianza que deseamos otorgar con las obligaciones que debemos enseñar? Por supuesto, se trata de una misión y un arte que exigen los mayores empeños y las mejores virtudes. Sin embargo, la reflexión, el sentido común, la sincera intención de hacer el bien, el intercambio de experiencias con pares y la ayuda de los especialistas en el tema facilitarán este camino que se construye día a día.